Por qué la lluvia huele a tierra: la molécula del suelo que tu nariz detecta en partes por billón
El olor tras la lluvia sobre suelo seco tiene nombre, petricor. Viene de aceites de plantas y de una molécula bacteriana llamada geosmina, y la lluvia ligera lanza ambas al aire en burbujas diminutas.
Puntos clave
- Tu nariz puede detectar la molécula principal del olor de la lluvia en menos de 10 partes por billón.
- El olor se llama petricor.
- La geosmina viene de un grupo de bacterias del suelo llamado actinomicetos, incluido el género Streptomyces.
Tu nariz puede detectar la molécula principal del olor de la lluvia en menos de 10 partes por billón. La Sociedad Americana de Química compara esa sensibilidad con una cucharadita de la molécula repartida en 200 piscinas olímpicas. La molécula es la geosmina, su nombre viene de palabras griegas para tierra y olor, y la producen bacterias del suelo.
Una palabra hecha de piedra y mito
El olor se llama petricor. Dos científicos australianos, Isabel Joy Bear y R. G. Thomas, crearon la palabra en un artículo de 1964 en la revista Nature. La formaron con petra, piedra en griego, e icor, el fluido que según el mito corría por las venas de los dioses. Bear y Thomas extrajeron un aceite amarillento de rocas secas, arcilla y suelo. El aceite contenía ácidos grasos de plantas, que en el suelo se descomponen en moléculas más pequeñas y con más olor. Las plantas liberan estos aceites en tiempo seco, y los aceites se guardan en los poros del suelo y la roca mientras la tierra espera la lluvia.
La mitad bacteriana del olor
La geosmina viene de un grupo de bacterias del suelo llamado actinomicetos, incluido el género Streptomyces. La misma molécula da a la remolacha su sabor a tierra y al suelo recién removido su olor profundo. No hace falta mucha cantidad. La nariz humana detecta la geosmina en concentraciones menores de 10 partes por billón, uno de los umbrales más bajos para cualquier olor natural. Esa sensibilidad tiene sentido práctico para un animal que necesita agua. Una nariz atenta al olor del suelo mojado es una nariz atenta a una señal de que la lluvia llegó cerca.
La lluvia lanza el olor en burbujas
Durante décadas, los científicos conocían los ingredientes pero no el sistema de entrega. En 2015, investigadores del MIT filmaron gotas de lluvia sobre superficies porosas con cámaras de alta velocidad, en unos 600 experimentos sobre 28 superficies distintas. Una gota que cae sobre el suelo atrapa bolsas diminutas de aire de los poros. Las burbujas suben por la gota y estallan en su superficie, y cada estallido lanza una fina nube de aerosoles al aire. Los aerosoles llevan geosmina, aceites de plantas e incluso microbios del suelo hasta la altura de la nariz. La lluvia ligera produce más aerosoles que un aguacero fuerte, por eso la primera lluvia suave tras una sequía huele más fuerte. Una tormenta dura en parte lava el olor en vez de lanzarlo.
El olor agudo antes de la tormenta es otra cosa
A veces se nota un olor agudo y limpio justo antes de que llegue la lluvia. Esa nota suele ser ozono, bajado desde el aire alto o formado cuando el rayo divide moléculas de oxígeno que luego se recombinan de tres en tres. El ozono huele metálico y eléctrico. El petricor huele a tierra y dulce. Ambos llegan con minutos de diferencia, así que la nariz los lee como un solo evento, pero vienen de químicas distintas en lugares distintos.
El olor de la lluvia es en realidad el olor del suelo seco, liberado. Bacterias y plantas cargan el suelo durante las semanas secas. Las primeras gotas actúan luego como pequeñas plataformas que estallan burbujas y lanzan todo el aroma guardado al aire de una vez.
Fuentes
Sociedad Americana de Química, MIT News y el servicio de ciencia de The Weather Channel, enlazados en este artículo.